Ojalá pudiera hacerle una foto a lo bien que huele una pradera plagada de tomillo, pero como no puedo, se la hago a esta minicalaverita que me he encontrado mirándome desde el suelo.
Las escaleras terminan hasta dónde se ven, están rotas, creo que ya las conocí rotas. Es hermoso, amo bajar ahí cuando la marea está baja que es cuando únicamente se puede porque el mar casi se come las escaleras.
Ir allá es estar dispuesto a pasar toda la tarde caminando para llegar a él. ¿Pero a quién no le gusta un lugar dónde las ideas, los pensamientos y los sueños parecen estar un poco más cerca de nosotros, casi a punto de cumplirse?
Eso no será el cielo, pero está muy cerca.










